miércoles, 22 de abril de 2009

El modelo energético actual

La gran encrucijada - Capítulo 2º

Que la forma en la que consumimos energía actualmente no es sostenible es algo que todos intuimos. Sin embargo no es sencillo tener una aproximación cuantitativa de la gravedad de la situación. Para aquellos que necesitan datos y pruebas contundentes ahí va una buena ristra de estadísticas.
Como era de esperar el consumo de combustibles fósiles predomina claramente frente a otras fuentes de energía como la nuclear o hidroeléctrica. Existe una fuerte dependencia de dichos combustibles en los países del primer mundo donde se consume aproximadamente la mitad de toda la energía mundial. En contraste, gran parte de las reservas de dichos combustibles fósiles (61% del petróleo y 41% del gas) están concentradas en Oriente Medio, que apenas consume un 5,2% de la energía mundial.

Por otro lado se ha evidenciado un continuo incremento del consumo energético global a pesar de las notables mejoras en la eficiencia de los vehículos o de la producción de energía eléctrica. Concretamente en los últimos 15 años se ha incrementado el consumo energético en más del 50% mientras que el incremento de la población mundial en dicho periodo ha sido inferior al 40%. Esta aceleración del consumo energético respecto al demográfico surge de los cambios producidos en los hábitos de consumo de los países en vías de desarrollo en los últimos años. En este aspecto cabe destacar a China, la cual aumento su consumo un 7,7% tan solo en 2007.

Centrándonos en nuestra realidad más inmediata, la Unión Europea, se puede observar un claro distanciamiento de lo que pudiéramos considerar un modelo de consumo energético sostenible. Según el informe de Eurostat sobre los indicadores de energía, transporte y medio ambiente de 2008 se ha producido un incremento de la dependencia energética (expresado como porcentaje del combustible importado respecto al total empleado) del 44,1% al 53,8% entre 1996 y 2006. Concretamente se ha pasado a una dependencia del 43,5% al 60,8% en el gas, del 75,6% al 83,6% en el petróleo y del 23,2% al 41,1% en el carbón y derivados. Este aumento de la dependencia está producido tanto por un descenso en la producción, 30% en petróleo y 15% en gas en dicho periodo, como por un crecimiento del consumo, un 6% en total (2% en petróleo y 19% en gas). Si además tenemos en cuenta algunos factores que teóricamente deberían atenuar esta dependencia, como el pequeño descenso demográfico, las campañas de concienciación social sobre el uso de la energía o las mejoras tecnológicas en términos de eficiencia, el panorama futuro se presenta cuando menos inquietante. De hecho, únicamente Dinamarca sería capaz de mantener sus actuales cotas de consumo energético sin ayuda del comercio exterior.

Desgranando el consumo energético en la Unión Europea en el periodo 1996-2006 el transporte representa el 31,5% de la energía total consumida, del cual más del 81% es por carretera y el 14% aéreo. En total el aumento en el consumo de energía debido al transporte ha sido del 19%, con un 45% en el tráfico aéreo y un 17% en el rodado. Curiosamente en ese mismo periodo el tráfico ferroviario ha descendido en un 5%.

Mención aparte merece la forma en la que se produce energía eléctrica en la UE que, aún hoy en día, es considerada por algunos como inocua para el medio ambiente. En realidad el 58% de la energía eléctrica procede de centrales térmicas, la cuales se alimentan principalmente de gas y en menor medida de carbón y petróleo. Dentro de las fuentes renovables cabe destacar la energía hidroeléctrica con un 18% de la producción, ya que el resto en su conjunto representan únicamente un 6%. Dentro de las centrales térmicas hay que destacar que hay una notable diferencia entre aquellas que consumen gas y las que utilizan carbón. Las primeras son notablemente más eficientes tanto en rendimiento como en la emisión de CO2, concretamente una central térmica basada en gas emite 0,44 Kg de CO2 por cada KWh producido, mientras que una de carbón emite 1,45. Por desgracia las reservas mundiales de carbón son mucho más cuantiosas que las de gas.

"Cortoplazismo" vs "Largoplazismo"

La gran encrucijada - Capitulo 1º

Vivimos tiempos realmente difíciles en el terreno económico, de eso no cabe duda. La gravedad de la situación actual es tal que no mencionarla en una conversación, independientemente de su índole, es prácticamente una casualidad. Con nuestras miradas hipnotizadas por el coma financiero parece que otros temas han de ser ineludiblemente relegados a un segundo (o quinto) plano. El circo mediático en el que nos hayamos inmersos consigue focalizar nuestra atención a lo sumo en un par de temas: del terrorismo a las finanzas pasando por gripes aviares, vacas locas o tsunamis. Todos ellos asuntos centrados en el “aquí y ahora” independientemente de cual sea su impacto real en nuestras vidas. Lo que hoy es noticia trascendental mañana es olvido. Y es que nuestra sociedad tiende a una inexorable dominación del “cortoplazismo” a casi todos los niveles.

En el contexto actual es extremadamente complejo abordar de manera eficaz problemas como la sostenibilidad energética o el cambio climático. Problemas que, si bien no son evidentes en nuestro día a día, son muy reales y que no por manifestarse en el largo plazo son menos graves. Sostenibilidad es un término que escuchamos de cuando en cuando en los informativos (habitualmente después de todas las noticias “cortoplazistas” y antes de los deportes) y que progresivamente parece haberse incorporado a nuestro día a día como un asunto propio de la política y ciertamente ajeno a nuestra realidad.

Asumimos que nuestra sociedad, tal y como la conocemos, está dirigida de forma que se garantiza nuestro abastecimiento de alimentos, energía y en general nuestra calidad de vida, en tanto en cuanto cumplamos con los compromisos que esta exige: trabajo, impuestos, leyes, etc. Sin embargo cabe preguntarse si los poderes gubernamentales así como los fácticos trabajan con un modelo a corto plazo o con uno de largo recorrido como el requeriría una sociedad sostenible. Por su parte los gobiernos han de responder ante las urnas en ciclos de pocos años y es evidente que el mundo empresarial se mueve en plazos considerablemente inferiores. No es por tanto razonable suponer que la sostenibilidad sea un asunto prioritario para ninguno de ellos.

No hay tiempo ni para esperar que caiga la arena del reloj...




Cambio climático y consumo energético

La gran encrucijada - Capítuto 3º

Hoy en día ya nadie debería tener dudas de que el cambio climático es algo muy real. Dejando a un lado algunos síntomas muy visibles (la ola de calor del verano de 2003 en Europa, la actual plaga de dengue en Sudamérica, etc) cuya relación directa podría ser discutible, existen datos más que suficientes que demuestran que desde el comienzo de la revolución industrial hasta nuestros días la emisión masiva de CO2 y otros gases de efecto invernadero ha provocado un calentamiento global. Sirva como ejemplo que entre 1995 y 2006 se registraron once de los doce veranos más calurosos de los últimos 156 años (no existen registros anteriores).


La mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente al aumento observado de las concentraciones de gases de efecto invernadero generados por la acción del hombre. Se ha comprobado que las concentraciones atmosféricas mundiales de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han aumentado notablemente por efecto de las actividades humanas desde 1750, y son actualmente muy superiores a los valores preindustriales, determinados a partir de núcleos de hielo que abarcan muchos milenios.

La relación entre el consumo masivo de combustibles fósiles y la emisión de CO2 y otros gases nocivos es prácticamente directa. Por tanto una solución que limite el consumo de este tipo de combustibles llevará inequívocamente a una reducción del efecto invernadero. Merece la pena reseñar que más del 30% de las emisiones de este tipo de gases a la atmosfera está causada por el empleo de combustibles fósiles para la producción de energía eléctrica (datos Eurostat para la UE en 2006). Por otro lado el transporte por carretera genera casi el 20% de dichas emisiones.

Se prevé que para finales del siglo XXI la temperatura mundial suba entre 3º y 6º elevando el nivel de los océanos entre 40cm y 60cm si mantenemos nuestro modelo de consumo energético actual. Las consecuencias de estos cambios pueden provocar desde la desaparición de ciertas especies de animales y plantas a cambios graves en la pluviometría mundial que podrían afectar de manera trágica a la agricultura y al suministro de agua de la población.


Desde un prisma "optimista" hay que reseñar que todos estos fenómenos, si es que finalmente se cumplen las previsiones, ocurrirán mucho más tarde que el colapso en la producción de combustibles fósiles. Es probable que las fatídicas consecuencias de ese colapso hagan que se minimice el impacto medioambiental de la actividad humana (la que quede)... aunque a un elevado coste.