Seguramente la imagen que yace en nuestro subconsciente acerca del fin del petróleo tiene alguna similitud con la apocalíptica saga Mad Max: un mundo despiadado, inhospito, lobrego, decadente, prácticamente inhabitable y por todo lo anterior solo asimilable como ficción. Sin duda somos incapaces de concebir nuestro día a día sin electricidad, ni gas, ni transporte de ningún tipo y en definitiva sin un acceso ilimitado a la energía que necesitemos donde y cuando la necesitemos. Me gustaría pensar que seguiremos viviendo en un sociedad que tendrá todo lo bueno de la actual y alguna cosa menos de lo malo. Esperemos que, por una vez, la realidad no supere a la ficción...
En los distintos posts que forman "la gran encrucijada" he tratado de vislumbrar, desde mi subjetividad más objetiva, las futuras consecuencias que puede acarrear nuestro actual modus vivendi sustentado por los combustibles fósiles. Tras analizar los datos que he creído más fidedignos las conclusiones que he obtenido se podrían resumir en:
- Nuestra tendencia "natural" es crecer demográficamente y crecer en el consumo individual de energía también (ver capítulo 2º). Ni una cosa ni la otra son sostenibles en el tiempo.
- El fin del petróleo es algo que no verán nuestros nietos, sino nosotros o a lo sumo nuestros hijos (ver capítulo 4º).
- El cambio climático, si bien es un problema real y grave, está en un horizonte temporal mucho más lejano en comparación con el "fin del petróleo barato" (ver capítulo 3º).
- No disponemos de los mecanismos necesarios para atajar el problema a tiempo (ver capítulo 1º) debido a nuestra propia idiosincrasia social.
- No exíste el desarrollo sostenible (ver capítulo 5º).
Tras todo este largo (espero que no tedioso) argumentario la "gran conclusión" es ¿y entonces qué? ¿Va a cambiar algo? ¿Hay algo que podamos hacer? El factor común a prácticamente la totalidad de las soluciones viables es que todas ellas exigen un profundo, y seguramente doloroso, cambio social. Por su lado la sociedad en la que vivimos se mueve de forma reactiva, generalmente por terribles catástrofes, guerras, pandemias y cualquier cosa similar. Por tanto parece imposible que reaccionemos ante algo salvo que, literalmente, estalle en nuestras narices.
Por compleja que sea una revolución siempre hay un primer paso simple...

