viernes, 24 de abril de 2009

Para madrileños nostalgicos...

Vivir en Madrid es convivir con las obras... A nadie que haya habitado la capital por más de un mes se le escapa esto. En los últimos años, además, la ciudad cuenta con un habitante especialmente preocupado porque esta ancestral tradición no solo no se pierda, sino que forme parte de nuestro gozoso día a día, independientemente de la zona de la ciudad en que vivamos. Para deleitarnos aún más con el monumental espectáculo de pasos a nivel convertidos en túneles, autopistas que desaparecen y zanjas de generación espontánea la Comunidad facilita una página web en la que se puede observar la evolución histórica de Madrid mediante fotografías aéreas entre otras cosas.


Lo interesante de esta página es que permite buscar una calle y superponer el callejero actual a la fotografía aérea del año que quieras ver (1956, 1975, 1991 y actuales) funcionando de manera similar al google maps. De esa forma es posible curiosear como era tu barrio antes de estar urbanizado o la pinta tenía la M-30 antes incluso de existir. Se ven cosas de lo más curioso... Como muestra cuelgo tres fotos de la zona de la Plaza de Lima en distintos años.

Año 1956


Año 1975


Año 2007




jueves, 23 de abril de 2009

La sociedad ante la crisis energética

La gran encrucijada - Epílogo

Seguramente la imagen que yace en nuestro subconsciente acerca del fin del petróleo tiene alguna similitud con la apocalíptica saga Mad Max: un mundo despiadado, inhospito, lobrego, decadente, prácticamente inhabitable y por todo lo anterior solo asimilable como ficción. Sin duda somos incapaces de concebir nuestro día a día sin electricidad, ni gas, ni transporte de ningún tipo y en definitiva sin un acceso ilimitado a la energía que necesitemos donde y cuando la necesitemos. Me gustaría pensar que seguiremos viviendo en un sociedad que tendrá todo lo bueno de la actual y alguna cosa menos de lo malo. Esperemos que, por una vez, la realidad no supere a la ficción...

En los distintos posts que forman "la gran encrucijada" he tratado de vislumbrar, desde mi subjetividad más objetiva, las futuras consecuencias que puede acarrear nuestro actual modus vivendi sustentado por los combustibles fósiles. Tras analizar los datos que he creído más fidedignos las conclusiones que he obtenido se podrían resumir en:
  1. Nuestra tendencia "natural" es crecer demográficamente y crecer en el consumo individual de energía también (ver capítulo 2º). Ni una cosa ni la otra son sostenibles en el tiempo.
  2. El fin del petróleo es algo que no verán nuestros nietos, sino nosotros o a lo sumo nuestros hijos (ver capítulo 4º).
  3. El cambio climático, si bien es un problema real y grave, está en un horizonte temporal mucho más lejano en comparación con el "fin del petróleo barato" (ver capítulo 3º).
  4. No disponemos de los mecanismos necesarios para atajar el problema a tiempo (ver capítulo 1º) debido a nuestra propia idiosincrasia social.
  5. No exíste el desarrollo sostenible (ver capítulo 5º).

Tras todo este largo (espero que no tedioso) argumentario la "gran conclusión" es ¿y entonces qué? ¿Va a cambiar algo? ¿Hay algo que podamos hacer? El factor común a prácticamente la totalidad de las soluciones viables es que todas ellas exigen un profundo, y seguramente doloroso, cambio social. Por su lado la sociedad en la que vivimos se mueve de forma reactiva, generalmente por terribles catástrofes, guerras, pandemias y cualquier cosa similar. Por tanto parece imposible que reaccionemos ante algo salvo que, literalmente, estalle en nuestras narices.

Los datos están ahí y es evidente que si no todas, muchas de las personas que disponen de capacidad real para acometer los cambios necesarios los conocen ¿Por qué no hacen algo? Sencillo... porque no pueden. La clase dirigente está atada y amordazada por la inercia del mercado libre. Es algo que nadie se atreve a parar por el riesgo de ser señalado como hipócrita, traidor o simplemente demente. Nada que le haga caer de su púlpito... nada que le haga perder su estatus. El punto de inflexión tendrá que surgir necesariamente de un impulso social. La única forma en la que la política y los poderes fácticos van a reaccionar es en respuesta a las presiones del ciudadano de a pie. La conciencia social es lo único que nos puede sacar del atolladero.

Por compleja que sea una revolución siempre hay un primer paso simple...

Delirios tecnológicos vs soluciones reales

La gran encrucijada - Capitulo 5º

En el fragor del pánico, provocado por el fin del petróleo "barato", surgen súbitamente gran cantidad de soluciones… unas milagrosas, otras ingeniosas, algunas directamente descabelladas. Sin duda discernir entre unas y otras no será sencillo, aunque si clave, si pretendemos salir bien parados de los retos futuros.

Considerando que las reservas de carbón son muy superiores a las de petróleo o gas podemos suponer que el suministro eléctrico se puede garantizar por mucho tiempo con una reconversión de las centrales térmicas actuales. Una vez dispongamos de suministro eléctrico ilimitado solo nos queda reconvertir nuestro “ilimitado” parque móvil a vehículos impulsados por baterías en lugar de emplear combustibles derivados del petróleo. Sin embargo nos surgiría un “ligero” contratiempo ya que las centrales térmicas basadas en el carbón emiten tres veces más gases de efecto invernadero que las de gas. Ningún problema, podemos aplicar medidas altamente ingeniosas como implementar sistemas que permitan la captura del CO2 de la atmosfera o incluso lanzar minúsculas lentes al espacio para reducir en parte las radiaciones emitidas por el sol consiguiendo un suave y “saludable” descenso de las temperaturas.

Dejando a un lado las ironías hay que asumir nuestras limitaciones tecnológicas. La ciencia progresó de manera exponencial en el siglo XX y sin duda seguirá dicha tendencia en este siglo. Sin embargo no podemos plantear un futuro basado en la esperanza de que la tecnología solucionara todos los problemas según estos vayan surgiendo. Un buen ejemplo de esta filosofía son precisamente los coches eléctricos basados en baterías. Según un artículo publicado por Kurt Zenz House y Alex Johnson el 20 de enero de 2009, optimizando las baterías de litio hasta su límite físico únicamente conseguiríamos que el rendimiento energético por kilogramo de dichas baterías fuese 25 veces menor que el de los combustibles fósiles. Esto es, para sustituir un depósito de combustible de 50 litros necesitaríamos 850 kilogramos de baterías de litio para obtener las mismas prestaciones y autonomía. Claramente esto no parece una solución razonable.

Existen por el contrario soluciones muy simples y al alcance de nuestras posibilidades tecnológicas actuales. Si consideramos como uno de los principales problemas el despilfarro energético producido por el trasiego diario de vehículos del lugar de trabajo al hogar y los consiguientes atascos (que maximizan el despilfarro) podemos aplicar una solución muy sencilla: no ir al trabajo. No estoy hablando de intentar batir un nuevo record en las cifras del paro sino en algo que, gracias a las nuevas tecnologías, es perfectamente viable: el tele-trabajo. Adicionalmente al combustible ahorrado en el desplazamiento habría que añadir el ahorro en la iluminación, limpieza y climatización del edificio que ya no sería necesario. Es evidente que no todos los trabajos pueden acogerse a esta medida, pero la tendencia actual permite vislumbrar que esta puede ser una medida muy beneficiosa.

Si aun así hubiese que desplazarse por la ciudad podríamos emplear vehículos mucho más ligeros que los actuales, similares a los ciclomotores pero con algunas ventajas de los vehículos de cuatro ruedas ¿Realmente necesitamos movernos con un vehiculo de entre 1.200 y 2.000 kilogramos para realizar un trayecto de unos minutos? En ese caso podría ser razonable utilizar alternativas como baterías o vehículos híbridos, que en ningún caso conseguirían convertirse en el deseado e inalcanzable “vehículo de emisiones cero”.

Una solución eficaz, aunque controvertida, es sustituir paulatinamente las centrales térmicas por centrales nucleares de fisión. Si bien podemos considerar que esto es arreglar un problema para crearnos otro (obtenemos residuos radioactivos en lugar de gases contaminantes) a corto y a medio plazo son un medio para la reducción drástica tanto del efecto invernadero como del consumo de combustibles fósiles. No podemos caer en la tentación de pensar que esto es una solución definitiva, ni mucho menos. Sin embargo es posible que los reactores de fusión, que aún se hayan en fase experimental, si consigan ser dicha solución. Es por tanto fundamental jugar esa baza mientras sea posible.

Existen otras muchas medidas que, si bien por separado no representan un impacto relevante, en conjunto puede detener la espiral en la que nos hayamos inmersos. La mejora en el aislamiento de las viviendas puede suponer no solo una mejora en el rendimiento de los equipos de aire acondicionado y calefacción sino un ahorro económico en las facturas de electricidad y/o gas. El transporte de mercancías por carretera puede ser sustituido por el ferrocarril en muchos casos. El incremento en el uso de energías renovables puede y debe ser promovido dentro de unos parámetro lógicos de eficiencia (por ejemplo las células foto-voltáicas no han empezado a ser energéticamente rentables hasta hace pocos años).

Sin embargo todas estas soluciones solo son en realidad parches considerando un horizonte de auténtica sostenibilidad. Las dos únicas soluciones reales que pueden sacarnos del atolladero al que irremediablemente nos dirigimos son: la reducción gradual pero continua de la población mundial y un cambio profundo del modelo socio-económico global. No existe el desarrollo sostenible, existe la estabilidad sostenible o a corto plazo la regresión sostenible. La tierra es un lugar finito con recursos finitos, por tanto nada nos puede hacer pensar que podemos tener un crecimiento demográfico infinito o que podemos emplear los recursos de manera infinita. Probablemente si el señor Adam Smith volviese al mundo de los vivos se ofendería de forma airada ante tal propuesta… pero ya no vivimos en la época de Adam Smith.

La gran encrucijada

La gran encrucijada - Capítulo 4º

En cualquier terapia de rehabilitación para adictos el primer requisito es reconocer que existe un problema. Los seres humanos somos adictos a los combustibles fósiles… esto es una realidad y es vital asumirla. Existen dos graves problemas relacionados con nuestra adicción:
  • Los combustibles fósiles son finitos y el colapso en su producción se producirá en el siglo XXI.
  • La tierra podría dejar de ser un planeta habitable para el hombre si continuamos la emisión desmedida de gases de efecto invernadero producidos por el consumo de dichos combustibles.

Sin lugar a dudas de estas dos afirmaciones la primera es mucho más inminente y plausible. Quizás a alguien le sorprenda su rotundidad, sin embargo existen varias teorías que la corroboran. Una de las que plantea una visión más apocalíptica del asunto es la teoría de Olduvai, propuesta por Richard C. Duncan en 2000. Esta está basada en los datos de producción de petróleo mundial los cuales muestran que en el año 1979 se produjo una inflexión en dicha producción, la cual desde 1930 se había incrementado de forma constante y ha presentado un paulatino descenso desde entonces. Dicho descenso, que en promedio anual ha sido del 1,79% (conocido como pendiente de Olduvai) culminará, según Duncan, en año 2030 en el que se producirá un colapso de la civilización tal y como la conocemos por la falta de suministro eléctrico y combustibles.

Otra visión que está generalmente aceptada, menos trágica aunque no menos inquietante, es la teoría del pico de Hubbert, también conocida como teoría del cenit del petróleo. Esta teoría predice que la producción mundial de petróleo, así como de otros combustibles fósiles, llegará a su cenit y después descenderá con la misma tasa con la que se incremento, resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico como sostienen otras teorías. Esto es, cuando la obtención de un barril de petróleo requiera una energía cercana o equivalente a la proporcionada por dicho barril su obtención será fútil. Lo verdaderamente inquietante de esta teoría, que únicamente puede demostrarse una vez se ha alcanzado dicho cenit, es que el modelo sugerido por M. King Hubbert se ha verificado con una sorprendente similitud en aquellos países que han visto reducida su producción, como es el caso de los EE.UU.

Otras teorías hacen hincapié en que el excesivo consumo de petróleo se ve realimentado por el desmesurado crecimiento demográfico que se ha producido precisamente bajo el amparo de su uso masivo en la agricultura. Esta cita ilustra el concepto:


"La era del petróleo barato creó una burbuja artificial de plenitud, durante un periodo no mucho mayor que el de una vida humana: alrededor de 100 años… Por ello, me aventuro a declarar que en cuanto el petróleo deje de ser barato y las reservas mundiales se dirijan hacia el agotamiento, quedaremos repentinamente con un enorme exceso de población… que la ecología de la tierra no podrá soportar. No habrá programas de control de natalidad que sirvan de algo. Las personas ya están aquí. El viaje de vuelta homeostático a una población sin petróleo no será agradable. Descubriremos de forma abrupta que el gigantesco crecimiento de la población fue un simple efecto secundario de la era del petróleo. Fue una circunstancia, no un problema con una solución. Eso es lo que sucedió y estamos atrapados en ello."


James Howard Kunstler


Analizando todas estas teorías se podría pensar que la “gran encrucijada” se nos presentará dentro de veinte o treinta años, sin embargo el horizonte del colapso se encuentra preocupantemente más cerca. Imaginemos a un corredor del maratón que únicamente dispusiese de un litro de agua para toda la carrera. ¿Qué le diríamos si observamos que comienza a tirarse agua sobre la cabeza en el quinto kilómetro? Debemos usar la enorme cantidad de energía de la que disponemos en la actualidad en la investigación y fabricación de aquellos elementos que garanticen la sostenibilidad, entendida como un progresivo pero eficaz “desenganche” de los combustibles fósiles. Pero ante todo es necesario comenzar lo antes posible.


El ocaso de la era del petróleo se acerca...



miércoles, 22 de abril de 2009

El modelo energético actual

La gran encrucijada - Capítulo 2º

Que la forma en la que consumimos energía actualmente no es sostenible es algo que todos intuimos. Sin embargo no es sencillo tener una aproximación cuantitativa de la gravedad de la situación. Para aquellos que necesitan datos y pruebas contundentes ahí va una buena ristra de estadísticas.
Como era de esperar el consumo de combustibles fósiles predomina claramente frente a otras fuentes de energía como la nuclear o hidroeléctrica. Existe una fuerte dependencia de dichos combustibles en los países del primer mundo donde se consume aproximadamente la mitad de toda la energía mundial. En contraste, gran parte de las reservas de dichos combustibles fósiles (61% del petróleo y 41% del gas) están concentradas en Oriente Medio, que apenas consume un 5,2% de la energía mundial.

Por otro lado se ha evidenciado un continuo incremento del consumo energético global a pesar de las notables mejoras en la eficiencia de los vehículos o de la producción de energía eléctrica. Concretamente en los últimos 15 años se ha incrementado el consumo energético en más del 50% mientras que el incremento de la población mundial en dicho periodo ha sido inferior al 40%. Esta aceleración del consumo energético respecto al demográfico surge de los cambios producidos en los hábitos de consumo de los países en vías de desarrollo en los últimos años. En este aspecto cabe destacar a China, la cual aumento su consumo un 7,7% tan solo en 2007.

Centrándonos en nuestra realidad más inmediata, la Unión Europea, se puede observar un claro distanciamiento de lo que pudiéramos considerar un modelo de consumo energético sostenible. Según el informe de Eurostat sobre los indicadores de energía, transporte y medio ambiente de 2008 se ha producido un incremento de la dependencia energética (expresado como porcentaje del combustible importado respecto al total empleado) del 44,1% al 53,8% entre 1996 y 2006. Concretamente se ha pasado a una dependencia del 43,5% al 60,8% en el gas, del 75,6% al 83,6% en el petróleo y del 23,2% al 41,1% en el carbón y derivados. Este aumento de la dependencia está producido tanto por un descenso en la producción, 30% en petróleo y 15% en gas en dicho periodo, como por un crecimiento del consumo, un 6% en total (2% en petróleo y 19% en gas). Si además tenemos en cuenta algunos factores que teóricamente deberían atenuar esta dependencia, como el pequeño descenso demográfico, las campañas de concienciación social sobre el uso de la energía o las mejoras tecnológicas en términos de eficiencia, el panorama futuro se presenta cuando menos inquietante. De hecho, únicamente Dinamarca sería capaz de mantener sus actuales cotas de consumo energético sin ayuda del comercio exterior.

Desgranando el consumo energético en la Unión Europea en el periodo 1996-2006 el transporte representa el 31,5% de la energía total consumida, del cual más del 81% es por carretera y el 14% aéreo. En total el aumento en el consumo de energía debido al transporte ha sido del 19%, con un 45% en el tráfico aéreo y un 17% en el rodado. Curiosamente en ese mismo periodo el tráfico ferroviario ha descendido en un 5%.

Mención aparte merece la forma en la que se produce energía eléctrica en la UE que, aún hoy en día, es considerada por algunos como inocua para el medio ambiente. En realidad el 58% de la energía eléctrica procede de centrales térmicas, la cuales se alimentan principalmente de gas y en menor medida de carbón y petróleo. Dentro de las fuentes renovables cabe destacar la energía hidroeléctrica con un 18% de la producción, ya que el resto en su conjunto representan únicamente un 6%. Dentro de las centrales térmicas hay que destacar que hay una notable diferencia entre aquellas que consumen gas y las que utilizan carbón. Las primeras son notablemente más eficientes tanto en rendimiento como en la emisión de CO2, concretamente una central térmica basada en gas emite 0,44 Kg de CO2 por cada KWh producido, mientras que una de carbón emite 1,45. Por desgracia las reservas mundiales de carbón son mucho más cuantiosas que las de gas.

"Cortoplazismo" vs "Largoplazismo"

La gran encrucijada - Capitulo 1º

Vivimos tiempos realmente difíciles en el terreno económico, de eso no cabe duda. La gravedad de la situación actual es tal que no mencionarla en una conversación, independientemente de su índole, es prácticamente una casualidad. Con nuestras miradas hipnotizadas por el coma financiero parece que otros temas han de ser ineludiblemente relegados a un segundo (o quinto) plano. El circo mediático en el que nos hayamos inmersos consigue focalizar nuestra atención a lo sumo en un par de temas: del terrorismo a las finanzas pasando por gripes aviares, vacas locas o tsunamis. Todos ellos asuntos centrados en el “aquí y ahora” independientemente de cual sea su impacto real en nuestras vidas. Lo que hoy es noticia trascendental mañana es olvido. Y es que nuestra sociedad tiende a una inexorable dominación del “cortoplazismo” a casi todos los niveles.

En el contexto actual es extremadamente complejo abordar de manera eficaz problemas como la sostenibilidad energética o el cambio climático. Problemas que, si bien no son evidentes en nuestro día a día, son muy reales y que no por manifestarse en el largo plazo son menos graves. Sostenibilidad es un término que escuchamos de cuando en cuando en los informativos (habitualmente después de todas las noticias “cortoplazistas” y antes de los deportes) y que progresivamente parece haberse incorporado a nuestro día a día como un asunto propio de la política y ciertamente ajeno a nuestra realidad.

Asumimos que nuestra sociedad, tal y como la conocemos, está dirigida de forma que se garantiza nuestro abastecimiento de alimentos, energía y en general nuestra calidad de vida, en tanto en cuanto cumplamos con los compromisos que esta exige: trabajo, impuestos, leyes, etc. Sin embargo cabe preguntarse si los poderes gubernamentales así como los fácticos trabajan con un modelo a corto plazo o con uno de largo recorrido como el requeriría una sociedad sostenible. Por su parte los gobiernos han de responder ante las urnas en ciclos de pocos años y es evidente que el mundo empresarial se mueve en plazos considerablemente inferiores. No es por tanto razonable suponer que la sostenibilidad sea un asunto prioritario para ninguno de ellos.

No hay tiempo ni para esperar que caiga la arena del reloj...




Cambio climático y consumo energético

La gran encrucijada - Capítuto 3º

Hoy en día ya nadie debería tener dudas de que el cambio climático es algo muy real. Dejando a un lado algunos síntomas muy visibles (la ola de calor del verano de 2003 en Europa, la actual plaga de dengue en Sudamérica, etc) cuya relación directa podría ser discutible, existen datos más que suficientes que demuestran que desde el comienzo de la revolución industrial hasta nuestros días la emisión masiva de CO2 y otros gases de efecto invernadero ha provocado un calentamiento global. Sirva como ejemplo que entre 1995 y 2006 se registraron once de los doce veranos más calurosos de los últimos 156 años (no existen registros anteriores).


La mayor parte del aumento observado del promedio mundial de temperatura desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente al aumento observado de las concentraciones de gases de efecto invernadero generados por la acción del hombre. Se ha comprobado que las concentraciones atmosféricas mundiales de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso han aumentado notablemente por efecto de las actividades humanas desde 1750, y son actualmente muy superiores a los valores preindustriales, determinados a partir de núcleos de hielo que abarcan muchos milenios.

La relación entre el consumo masivo de combustibles fósiles y la emisión de CO2 y otros gases nocivos es prácticamente directa. Por tanto una solución que limite el consumo de este tipo de combustibles llevará inequívocamente a una reducción del efecto invernadero. Merece la pena reseñar que más del 30% de las emisiones de este tipo de gases a la atmosfera está causada por el empleo de combustibles fósiles para la producción de energía eléctrica (datos Eurostat para la UE en 2006). Por otro lado el transporte por carretera genera casi el 20% de dichas emisiones.

Se prevé que para finales del siglo XXI la temperatura mundial suba entre 3º y 6º elevando el nivel de los océanos entre 40cm y 60cm si mantenemos nuestro modelo de consumo energético actual. Las consecuencias de estos cambios pueden provocar desde la desaparición de ciertas especies de animales y plantas a cambios graves en la pluviometría mundial que podrían afectar de manera trágica a la agricultura y al suministro de agua de la población.


Desde un prisma "optimista" hay que reseñar que todos estos fenómenos, si es que finalmente se cumplen las previsiones, ocurrirán mucho más tarde que el colapso en la producción de combustibles fósiles. Es probable que las fatídicas consecuencias de ese colapso hagan que se minimice el impacto medioambiental de la actividad humana (la que quede)... aunque a un elevado coste.